Ahí va la loca
Me gustan los avances (o tráileres) de las películas. En los peores casos, a veces me gustan incluso más que las películas mismas. El otro día fui al cine; junto a mí, dos señoras perfectamente enlacadas conversaban copiosamente antes de que se apagaran las luces. Continuaron con el mismo trasiego verbal al comenzar los avances, de modo que esbocé un tímido Sshh . Sin resultado, me atreví con otro Sssshhh algunos minutos después, mientras pensaba en que la mala educación no entiende de edades. En vista de que tampoco funcionaba el segundo siseo, les rogué amablemente que dejaran de hablar. Una de las señoras, haciéndome pasar por lerda integral, me explicó que la película aún no había empezado. Lo sé, pero esto también nos interesa, respondí . A los pocos segundos, la pantalla intercaló entre tráiler y tráiler un anuncio de chicles sin azúcar. ¡Huy, qué interesante es eso, ¿verdad? Interesantísimo!, le dijo la vecina verborreica a su compañera, dos octavas por encima de...