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Mostrando entradas de junio, 2026

Presente continuo

  A Rocío Nos escribirán... o algo, ¿no? Y sé perfectamente a quiénes y a qué se refiere. Yo llevo días haciéndome la misma pregunta sin atreverme a compartirla con nadie. El miedo al ridículo es tan libre como cualquier otro. Esta tarde, mientras intentaba ganar masa muscular (el gimnasio ha entrado en mi vida por la puerta sorpresa de la menopausia), me ha saltado una canción que no esperaba en una playlist de temas variopintos. Hacía años que no la escuchaba y he tenido que parar en seco, porque hay cosas que no se pueden escuchar mientras una intenta imitar a B ruce L ee . Después, en casa, me he puesto el disco entero: La palabra en el aire , de Pedro Guerra y Ángel González (sí, el poeta). Si no lo has escuchado nunca… Uf. Eso sí, no lo escuches mientras preparas una paella o atraviesas la Gran Vía, por favor. Espera a que la casa y tu cabeza estén en silencio, ponte cómodo, solamente escucha. *** Dicen que si el alumno no supera al maestro, ni es bueno el alumno ni es ...

La ballena

 Anoche volví a tener una pesadilla. Esta vez había regresado a la ciudad después de un viaje por el extranjero, pero por alguna razón había retrasado el momento de contactar con mi madre. Un “ya estoy de vuelta” impronunciado. O tal vez era tan simple como encaminarme hacia el hogar familiar porque quizá era de nuevo una adolescente. En ese caso ella debía de estar esperándome preocupada. No lo sé. La cuestión es que mi yo soñado tomaba conciencia de que hacía demasiados días que no sabía nada de ella. En mi mente todo era confusión, no sabía si llevaba tiempo sin llamarme o era de mí de quien se esperaba que hiciese la llamada. Pero yo había regresado. Y ella, ¿dónde estaba? Entonces empezaba a preguntar, desesperada, a mis amigas del colegio, porque ellas la conocían, nuestro barrio era pequeño. ¿Habéis visto a mi madre últimamente? En algún momento tomaba la determinación de ir a su casa (¿a nuestra casa?); allí la encontraría. No me importaba caminar un largo rato hasta llegar...

El don de la palabra

 Hace unos años, inspirándome en el libro de Estrella Montolío Cosas que pasan cuando conversamos , empecé a pedir a mis alumnos una pequeña tarea para casa. Consistía en dinamizar y observar, a partir de unas pautas determinadas, una conversación familiar en torno a la mesa de la comida o la cena. Les daba varios días para que escogieran la ocasión más propicia. Lo primero que debían lograr era que no hubiese móviles a la vista ni televisores o radios encendidas. Era importante generar un clima de escucha. Además, mis estudiantes debían lanzar alguna pregunta a la que todo el mundo pudiera responder: qué ha sido lo mejor que te ha pasado esta semana, por ejemplo. O qué cambiarías del día de hoy. Podían elegir entre las sugerencias que les hacía o pensar en otras posibilidades. Pero debían observar −entre otras cosas− si alguien acaparaba la conversación, si esta fluía o si alguno de los participantes interrumpía más que el resto (¿acaso había alguien a quien todos interrumpieran m...