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Mostrando las entradas etiquetadas como educación

Rigoberto

Entró en el aula un poquito tarde (solo un poquito) apoyándose en una muleta. Le di la bienvenida con esa sonrisa tonta que se nos pone a algunos el primer día de clase, como si quisiéramos empaquetar con los labios la mejor de las expectativas para el curso que empieza.  Le dije algo así como: Vaya, veo que estás lesionado. Espero que no sea grave.  Un poco , me respondió.  No sé si alguna vez te has parado a pensar en el abismo del un : ¿Poco grave? ¿O un poco grave? pregunté sin retirar el estúpido empaquetado bucal, dudando de si el chico manejaba con soltura el idioma. Bueno, confío en que sea poco (el resto del grupo, que no conocía a este alumno porque era nuevo en el centro, parecía esperar que yo continuara con la consabida presentación de cada septiembre, así que yo intentaba retomar el hilo pasando por encima de la muleta y de la respuesta del niño, en perfecto castellano). Por fin Rigoberto, avanzando lentamente, tomó asiento. En la primera fila.  Hace...

Escondido en la palabra

  Estamos aprendiendo elementos compositivos cultos un viernes antes del recreo. Traigo una lista ordenada alfabéticamente, para que vean, entre otras cosas, que anfi significa ambos y por eso el anfiteatro viene a ser como un teatro que permite ver la escena desde ambos lados. Pues de un lado verían a los actores de espaldas, me dice I. También recordamos que bio significa vida. Por eso los anfibios son los animales que pueden vivir en ambos medios, acuático y terrestre, les digo. Entienden entonces que autobiografía sea la historia de la vida de alguien, contada por sí mismo. Haber encontrado un compuesto de tres términos les parece casi como haber topado con un trébol de cuatro hojas. Pero entonces, ¡¡las palabras no son aleatorias!!, grita J. en un aspaviento de manos que le despeina el flequillo. Cuando les pregunto qué significa antropo, su mente toma un camino errático y los lleva hasta las arañas, pero les aclaro que eso es artropodo y es ahí donde conectan a los bichitos c...

Adverbio de emoción

Tiene el pelo rizado, color de nuez, los labios gruesos, la tez canela. Tiene también, probablemente, una hiperactividad no diagnosticada. Pero en esta optativa son tan poquitos que estamos casi en familia, y las familias se cuidan (la mayoría, al menos). Su compañero le susurra algo al oído y M. salta, espontáneo como un calambre: ¡Hostiás! Digo su nombre en ese tono recriminatorio que llevamos los adultos instalado por defecto en el software vocal. Pero, profe, ¡es un adverbio de emoción! Y el invento involuntario me hace tanta gracia que me río con él, y me ablando, y el secreto deja de serlo por obra y gracia de una palabrota. El compañero susurrador me cuenta que ha gastado una suma descomunal de dinero de su padre, realizando por error una compra on line de un artilugio inútil. (¡Hostiás! , pienso, haciendo uso de mi software silenciador). La historia es tan inverosímil que aparto a un lado sus cuadernos de trabajo para poner, en medio, todo mi escepticismo sobre la mesa. Mient...

Leo con los ojos

  Les he pedido una reflexión sobre el libro que, por mayoría de votos, constituyó la lectura grupal del primer trimestre. Me adelanto a las posibles hojas en blanco rogándoles a aquellos que no lo han leído que me cuenten por qué, que lo escriban. Tal vez así podamos encontrar un remedio para la siguiente evaluación. Entre todas las respuestas, traigo a este albergue de dudas la de A., que me sabe como los granos de la granada: son dulces y refrescantes pero tienen por dentro un tallito de amargura áspera que tiende a quedarse entre los dientes. Lo conocí dos cursos atrás, con varios centímetros menos de estatura pero el mismo desparpajo que sigue gastando en cuarto. Es simpático –y lo sabe–, inteligente, espontáneo. Los estudios no le interesan demasiado y procura darles esquinazo a la menor ocasión. En realidad, creo que lo de doblar las esquinas a toda prisa y sin mirar atrás es para él una necesidad. De algo debe de estar huyendo. A menudo, en estos dos años, me he acorda...

La realidad supera la ficha

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  Empezamos el curso, y como cada año, me toca repartirles a mis tutorandos una ficha estándar (más o menos melliza a la de otros institutos) en la que pretendemos recoger información importante sobre el alumnado: su entorno familiar, sus hábitos, su estilo de aprendizaje, su salud. Les reparto la hoja, que rellenan con asombrosa docilidad, mientras los observo y atiendo las veinticinco dudas que, contra todo pronóstico, les surgen mientras anotan sus respuestas. Yo me sorprendo: me parece tan fácil, tan mecánica, esa pequeña burocracia. Pero ahora, si me acompañas, quiero compartir contigo algunas de esas respuestas que me he encontrado este año y que me ponen ante los ojos la estrechez del documento, la rigidez de nuestra mirada sobre la realidad ajena. En una parte de la ficha, tras un par de cuestiones acerca de los cuadernos de apuntes, aparecen las siguientes preguntas, una a continuación de la otra: ¿Cuidas tu ortografía? ¿Cuidas tu letra? Las respuestas a ambas son b...

Kira

  El verano siempre es un buen momento para volver a Gerald Durrell y sus aventuras en Corfú. Leo sus anécdotas infantiles, sus escapadas nocturnas para pescar diminutos ejemplares marinos que encerrará en frascos de observación, sus paseos entre olivos a lomos de una burra que le han regalado por su cumpleaños… y su vida se me presenta como las vacaciones perfectas. Pero Gerry no está de vacaciones. Tiene un profesor particular, Teodoro, decidido a que el niño aprenda cuanto sea posible. Como sabe que solo en plena naturaleza es capaz de interesarse por sus explicaciones, se lo lleva a la playa o al bosque para dar allí sus lecciones, buscando siempre una roca, una planta o un animal que sirvan para ejemplificar cualquier concepto nuevo. Me muero de envidia y pienso: yo también habría querido un Teodoro. Entonces, como brotada del último puntal de una raíz muy vieja, aparece en mi memoria Kira. No había vuelto a pensar en ella en todos estos años. Y me asombra la ingratitud de mi...

Eterno retorno

  No sé si a ti te pasa, pero allá por el mes de enero, con la resaca brillante del espumillón, empiezo a anotar en papeles de colores ideas de trabajo para el curso que viene, cosas que se me ocurre que habrían funcionado mejor de otra manera, ejercicios adaptados a partir de una noticia, una canción que he escuchado o una película que he visto. Hacia mediados de abril, el ritmo de anotaciones es cada vez más frenético, una necesidad urgente y vital de volver a empezar, de hacerlo todo de nuevo, esta vez bien , se apodera de mí. Qué claro y despejado veo el camino cuando lo miro desde lejos. No sé si a ti te pasa, pero durante el curso apenas logro leer ensayos relacionados con mi trabajo. La didáctica se me va quedando en el estante del para después, porque m e meto en la cama cansada, con un libro al que le pido por favor que me lleve de viaje; leer sobre las aulas al salir de las aulas sería una aliteración con riesgo de insomnio. Y sin embargo, a medida que se acerca el f...

Los infalibles

  Hechos Una compañera ─ coincido con ella tomando café ─ me pregunta por mis tutorandos de 4º de ESO y sus intenciones al terminar el curso. Ella lo tiene muy claro: ─ El consejo orientador debería ser determinante: para que un alumno pudiera cursar Bachillerato, debería estar de acuerdo el conjunto de sus profesores de 4º; que NUESTRA opinión tuviese el peso decisivo para que pudieran matricularse. Noto que ella usa la primera persona en mayúsculas y que a mí se me eriza todo el vello que cargo sin depilar, que se me crispa el alma debajo de la piel. Hago un par de respiraciones profundas antes de responder. Hechos Hace unas semanas pasé una velada preciosa con mi amiga M., profesora de Física y Química en un instituto de secundaria en el que se esfuerza por sacar adelante a un alumnado especialmente vulnerable. Durante años dedicó también mucho tiempo y energía a impartir clases en una academia para universitarios que necesitaban un extra de trabajo. A lo largo de s...

Vacaciones perfectas

Son ocho alumnos y una alumna de 2º de ESO. Arrastran un fracaso escolar digno de mejor nombre. Les pido que describan sus vacaciones perfectas con unas pocas condiciones: pueden teletransportarse y no hay límite de dinero. Les digo esto porque me da miedo que sus vacaciones perfectas consistan en estar encerrados en su habitación jugando a la Play. Además, deben escribir el texto en futuro; ejemplifico en la pizarra: iré, haré… Lo primero que me llama la atención es su resistencia a encajar esto último. La mayoría se agarran al condicional ─ irían, harían ─ ; supongo que a todos nos cuesta creer que lograremos las vacaciones perfectas. Pero a unos más a que a otros. Les insisto para que corrijan el tiempo verbal: quiero que se visualicen en la mejor de sus semanas santas con la contundencia de los hechos. No se me ocurre nada , repiten durante los primeros minutos. Pero después escriben. Y sus textos me dejan un sabor agridulce horas antes de hacer mis propias maletas. Hay inesperada...

Pilar

  Se llamaba Pilar. Era pequeñita y vivaz. Apasionada de lo suyo. Cuando estudié COU no era posible cursar Latín, Griego e Historia del arte a la vez. Gloriosa coyuntura perpetrada por algún experto en planes educativos; había que descartar una. Con cierta pena renuncié al poco griego que había aprendido en un único curso, apostando por la Historia del arte al tiempo que me cambiaba de instituto y empezaba el Curso de Orientación Universitaria en el turno nocturno del IES Cervantes, por razones que no vienen al caso. Y conocí a Pilar, La Profesora de Arte. Si os estáis imaginando a Julia Roberts en La sonrisa de Mona Lisa , apartad esa imagen de vuestra mente para seguir este relato. Pilar era pequeñita y de aspecto más o menos anodino. Llevaba jerséis de punto con cuello de caja, faldas amplias de colores neutros y planas manoletinas negras. Nada que ver con los rizos y la boca más sensuales de Hollywood. Pero cuando las luces se apagaban y Pilar empezaba a explicar las d...

"A mí no me va a dar tiempo"

  Tiene aproximadamente diez centímetros de ancho por siete de largo y uno y medio de alto. Es negro, plano, compacto. Un amigo me dijo, riéndose de mi anacronismo, que probablemente era la única persona que aún usaba un disco duro externo. Pero cuando mi ordenador decidió que necesitaba pasar por una ITV profunda, me compré el cacharro para asegurarme de que no perdía nada de valor cuando un experto informático le abriera las tripas a mi viejo portátil. No me habléis de la nube, por favor. Cuando las nubes llevan la firma de Google solo me producen escalofríos. Finalmente tuve que cambiar de ordenador, pero lo tenía todo a salvo en mi pequeño disco duro externo. Casi podía mirar a mi amigo con condescendencia y reírme yo. Hace meses que uso mi nuevo PC, pero aún no he traspasado todos los documentos e imágenes desde el salvavidas. Me pongo a ello y decido que es un buen momento para hacer limpieza. Tengo tantas fotos prescindibles, que no sé por dónde empezar. Sabes a qué me re...

Viernes, última hora

  Principios de febrero. Viernes, última hora de la mañana. Hace frío y un cielo de acero parece a punto de romperse. Falta un profesor y me toca quedarme de guardia con un pequeño grupo de seis alumnos de trece años. Pongamos que son Ileana, Li Jie, Fátima, Said, Asier y Zoe. Ponnos una peli, profe . Como soy una nostálgica y a veces funciona, les pregunto si han visto E.T . La mitad la han visto ya y, antes de que me dé cuenta, le han hecho un resumen casi perfecto del argumento a la otra mitad. Es un extraterrestre que se despista, se hace amigo de un niño y van volando en bicicleta hasta que lo devuelven a su planeta. Miro a Zoe impresionada por su capacidad de síntesis. Me acuerdo entonces de algunos cortometrajes guardados en una lista de Youtube a la que bien podría etiquetar como “Kit de supervivencia para la guardia de los viernes”. Les pongo Cocodrilo . Si no lo habéis visto, os animo a hacerlo ahora. Son apenas cinco minutos, el resto de mi historia puede esperar. El c...