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  Habíamos sacado los billetes de avión para ese día, justamente. Digamos que no lo vimos , no nos dimos cuenta. Así que cuando todo el mundo se disponía a disfrutar del eclipse total en España, yo estaba aterrizando en una isla remota muy parecida al paraíso. Por razones que no vienen al caso, el eclipse parcial nos cogió, sin embargo, en un descampado con funciones de aparcamiento, con una amiga que casualmente también había llegado allí ese día. Nuestro inicio del viaje ya había sido medio tonto, pues nada más llegar nos pusieron una multa. Estacionamos el coche correctamente frente al hotel y sacamos el correspondiente tique en la máquina de marras, pero dejamos el papelito bocabajo sobre el salpicadero, de modo que el agente de movilidad de turno que pasó por esa calle durante la media hora escasa que estuvo el vehículo allí, al verlo (al no verlo , más bien) debió de pensar que éramos idiotas o que le tomábamos por idiota a él. Sea como sea, cogimos el coche de nuevo (y la...

Presente continuo

  A Rocío Nos escribirán... o algo, ¿no? Y sé perfectamente a quiénes y a qué se refiere. Yo llevo días haciéndome la misma pregunta sin atreverme a compartirla con nadie. El miedo al ridículo es tan libre como cualquier otro. Esta tarde, mientras intentaba ganar masa muscular (el gimnasio ha entrado en mi vida por la puerta sorpresa de la menopausia), me ha saltado una canción que no esperaba en una playlist de temas variopintos. Hacía años que no la escuchaba y he tenido que parar en seco, porque hay cosas que no se pueden escuchar mientras una intenta imitar a B ruce L ee . Después, en casa, me he puesto el disco entero: La palabra en el aire , de Pedro Guerra y Ángel González (sí, el poeta). Si no lo has escuchado nunca… Uf. Eso sí, no lo escuches mientras preparas una paella o atraviesas la Gran Vía, por favor. Espera a que la casa y tu cabeza estén en silencio, ponte cómodo, solamente escucha. *** Dicen que si el alumno no supera al maestro, ni es bueno el alumno ni es ...

La ballena

 Anoche volví a tener una pesadilla. Esta vez había regresado a la ciudad después de un viaje por el extranjero, pero por alguna razón había retrasado el momento de contactar con mi madre. Un “ya estoy de vuelta” impronunciado. O tal vez era tan simple como encaminarme hacia el hogar familiar porque quizá era de nuevo una adolescente. En ese caso ella debía de estar esperándome preocupada. No lo sé. La cuestión es que mi yo soñado tomaba conciencia de que hacía demasiados días que no sabía nada de ella. En mi mente todo era confusión, no sabía si llevaba tiempo sin llamarme o era de mí de quien se esperaba que hiciese la llamada. Pero yo había regresado. Y ella, ¿dónde estaba? Entonces empezaba a preguntar, desesperada, a mis amigas del colegio, porque ellas la conocían, nuestro barrio era pequeño. ¿Habéis visto a mi madre últimamente? En algún momento tomaba la determinación de ir a su casa (¿a nuestra casa?); allí la encontraría. No me importaba caminar un largo rato hasta llegar...

El don de la palabra

 Hace unos años, inspirándome en el libro de Estrella Montolío Cosas que pasan cuando conversamos , empecé a pedir a mis alumnos una pequeña tarea para casa. Consistía en dinamizar y observar, a partir de unas pautas determinadas, una conversación familiar en torno a la mesa de la comida o la cena. Les daba varios días para que escogieran la ocasión más propicia. Lo primero que debían lograr era que no hubiese móviles a la vista ni televisores o radios encendidas. Era importante generar un clima de escucha. Además, mis estudiantes debían lanzar alguna pregunta a la que todo el mundo pudiera responder: qué ha sido lo mejor que te ha pasado esta semana, por ejemplo. O qué cambiarías del día de hoy. Podían elegir entre las sugerencias que les hacía o pensar en otras posibilidades. Pero debían observar −entre otras cosas− si alguien acaparaba la conversación, si esta fluía o si alguno de los participantes interrumpía más que el resto (¿acaso había alguien a quien todos interrumpieran m...

Personas del verbo

  Es el mes de marzo. Lo veo en el vestíbulo del instituto, alto, corpulento, perfectamente afeitado, esperando. Conozco a este hombre desde que fui tutora de su hijo F., algunos cursos atrás. Lo saludo. ¿Cómo estás? Ahí vamos. Nos han puesto Economía, y claro . Como no entiendo muy bien lo que me quiere decir, me lo aclara: Queríamos Griego, pero nos han puesto Economía. Y ya sabes que las cuentas… no son lo nuestro, así que así estamos. Vengo a ver qué se puede hacer . Hay algo en la conjugación de los verbos que no me cuadra. Para empezar, el tiempo: ese nos han puesto sugiere que se trata de algo reciente, pero el curso lleva seis meses andando. Hay tiempos vitales que cuesta dejar atrás. Sin embargo, lo que más me araña el ánimo es esa primera persona del plural: queríamos, nos han puesto, así estamos . Me abstengo de decirle lo que pienso sobre esa manera de usar los verbos, porque no es momento de meterme en conjugaciones ajenas. Me pregunto si también dirá N os hemos e...

Criaturas (versión blog, ampliada)

  Comparto aquí, modificado y ampliado, el texto publicado en El Diario de la Educación el pasado miércoles 8 de abril.  Alerta de espóiler: en esta entrada se desvela una escena fundamental de la novela Niebla , publicada en 1914. Empecé la clase preguntando a mis alumnos y alumnas a quién acudirían ellos en caso de sentirse tan desolados por la tristeza y el desamor que hubieran dejado de verle sentido incluso a la propia vida. A mamá , dijo el primer chico que se atrevió a alzar la voz. Era una de las respuestas esperables, aunque me sorprendió la fórmula precisa. No dijo a mi madre , ni a mi mamá , y la ausencia de ese posesivo me pareció elocuente. Mamá es una entidad universal a la que acudir cuando el mundo dentro de ti se pone feo y espeso. La segunda respuesta me extrañó más, pues no podía comprender que mi alumna,  durante su hipotética crisis, quisiera acudir precisamente a un desastroso personaje de La que se avecina , cutre y xenófobo. En seguida m...

Aplausos

  Este año se cumplen veinte desde que empecé a trabajar en la escuela pública. Anteriormente había sido profesora en un prestigioso colegio privado; aún recuerdo a aquella alumna que en septiembre, muy compungida, me explicó que no podía traer las tareas de verano porque se le había hundido el yate. Tener un yate era algo que no había entrado jamás en la esfera de mi mundo familiar, social. Se nos ha hundido el yate era un predicado que solo podía envolver a otros. En 2006 me presenté a las oposiciones y empecé a trabajar en el sistema público. Mi primer destino fue un barrio obrero, conocido (y difamado) por su conflictividad. En mi primer día me explicaron que debía prestar especial atención a una de las alumnas de mi tutoría, pues aunque ya no vivía debajo del puente, seguía siendo muy vulnerable. Ya no vivía debajo de l puente era algo que, por supuesto, tampoco había entrado jamás en la esfera de mi mundo más cercano; ese predicado imposible atravesaba a otros. Aunque ...