Se nos escapa
Lo conocí cuando estaba a punto de cumplir dieciséis años. Su aspecto, sin embargo, era aún el de un niño que todavía no elige su propia ropa. Me correspondía ser su tutora, así que enseguida se me informó de su déficit de atención. En su caso, a diferencia de otros, el trastorno no iba asociado a la hiperactividad; al contrario, se quedaba absorto con la mirada fija en cualquier no lugar, donde probablemente se encontraba con algún territorio de su mundo interior mucho más interesante para él que cualquier cosa que yo pudiera contarle. A medida que nos íbamos conociendo, me parecía muy probable que hubiese algo más no diagnosticado, pero no tengo ningún título médico ni soy licenciada en psicología. Muy pronto me dijo que le interesaba el universo. Poco después, en la clase de Lengua, les propuse un proyecto que consistía en un diario de viajes en el tiempo. La primera parte de este trabajo implicaba inventar a un alter ego , un otro al que darían v...