La ballena
Anoche volví a tener una pesadilla. Esta vez había regresado a la ciudad después de un viaje por el extranjero, pero por alguna razón había retrasado el momento de contactar con mi madre. Un “ya estoy de vuelta” impronunciado. O tal vez era tan simple como encaminarme hacia el hogar familiar porque quizá era de nuevo una adolescente. En ese caso ella debía de estar esperándome preocupada. No lo sé. La cuestión es que mi yo soñado tomaba conciencia de que hacía demasiados días que no sabía nada de ella. En mi mente todo era confusión, no sabía si llevaba tiempo sin llamarme o era de mí de quien se esperaba que hiciese la llamada. Pero yo había regresado. Y ella, ¿dónde estaba? Entonces empezaba a preguntar, desesperada, a mis amigas del colegio, porque ellas la conocían, nuestro barrio era pequeño. ¿Habéis visto a mi madre últimamente? En algún momento tomaba la determinación de ir a su casa (¿a nuestra casa?); allí la encontraría. No me importaba caminar un largo rato hasta llegar...