Aplausos
Este año se cumplen veinte desde que empecé a trabajar en la escuela pública. Anteriormente había sido profesora en un prestigioso colegio privado; aún recuerdo a aquella alumna que en septiembre, muy compungida, me explicó que no podía traer las tareas de verano porque se le había hundido el yate. Tener un yate era algo que no había entrado jamás en la esfera de mi mundo familiar, social. Se nos ha hundido el yate era un predicado que solo podía envolver a otros. En 2006 me presenté a las oposiciones y empecé a trabajar en el sistema público. Mi primer destino fue un barrio obrero, conocido (y difamado) por su conflictividad. En mi primer día me explicaron que debía prestar especial atención a una de las alumnas de mi tutoría, pues aunque ya no vivía debajo del puente, seguía siendo muy vulnerable. Ya no vivía debajo de l puente era algo que, por supuesto, tampoco había entrado jamás en la esfera de mi mundo más cercano; ese predicado imposible atravesaba a otros. Aunque ...