Breve apunte vergonzoso para una noche de Halloween
Una noche como esta, hará un par de años, sonó el timbre de mi casa. En el pequeño barrio del pequeño pueblo en que vivo, no son habituales las visitas otoñales a la hora de la cena. Por supuesto, en un segundo, recordé: Halloween. No entraré ahora en la cansina batalla entre los fans de esta noche de terror y los ultrapuristas que la detestan por su origen extranjero. La cuestión es que rara vez la tengo presente con la suficiente antelación como para hacer acopio de dulces para los niños que aparecen esa noche en la fría soledad de mi pequeño barrio. Algún año he llegado a apagar todas las luces para hacerles creer que no había nadie en casa, tal era la vergüenza que me daba recibirlos con las manos vacías. Me veía a mí misma como Helena Bonham Carter en Big fish , como la horrible bruja de cuento que solo alimenta a los gatos callejeros y farfulla palabrotas cuello adentro. Esta vez, sin embargo, no podía esconderme: sin duda los críos habían visto la bombilla encendida antes de ...