Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como adolescencia

Punto de encuentro

  Últimamente recuerdo a menudo a J. Aunque fuimos compañeros de clase desde los tres años, fue a los dieciséis cuando una última fila de aula nos convirtió en cómplices. Si mi memoria no falla, él  tenía más amistad con algunas chicas que con ninguno de los chicos. Cuando echo la vista atrás, casi todos los alumnos se me aparecen conectados de un modo u otro; pienso en uno y detrás de su recuerdo viene el de otros dos o tres con los que aquel solía juntarse, como cuando coges del cesto una cereza que arrastra con su rabito verde a varias cerezas más. Y sin embargo, a J. –pelo negro, piel oscura, gruesas gafas para paliar su estrabismo– lo recuerdo como una isla.  He olvidado el comienzo, cómo empezó a escribirse la breve historia de nuestra amistad, pero mi tercero de BUP no habría sido el que fue sin él. Éramos tan, tan opuestos, que nos divertíamos con nuestros antagonismos. Si nos encontrásemos hoy, si no nos hubiésemos conocido nunca y el azar nos colocase cerca en e...

Lo que queda de algunos días

  Yo estaba enamorada de Él. Poco me importaba que fuese un adulto y yo no hubiese acabado el BUP. Me fascinaba escucharle, y Él lo sabía. Le gustaba gustar, incluso a crías de dieciséis años. Yo estaba convencida de tener un lugar especial dentro de su territorio emocional. Después de explicarnos la Segunda Guerra Mundial, nos recomendó una película: Lo que queda del día , que acababan de estrenar. Por supuesto, yo nunca había ido al cine sola por aquel entonces. Ir al cine había sido un evento familiar precioso que ya casi nunca hacía con mi familia; con mis amigas, de vez en cuando, se convertía en una ocasión excepcional, pero no las iba a convencer para ir a ver un drama sobrio sobre los dilemas éticos de un mayordomo en los años treinta. Sin embargo, nada me impedía ir a mí, yo sola, esa misma tarde (cómo son las urgencias pasionales, ¿verdad?). Coger el autobús que me dejaba en el centro, a dos minutos de la sala en la que la proyectaban. Volver a casa pensando en lo que...

Kira

  El verano siempre es un buen momento para volver a Gerald Durrell y sus aventuras en Corfú. Leo sus anécdotas infantiles, sus escapadas nocturnas para pescar diminutos ejemplares marinos que encerrará en frascos de observación, sus paseos entre olivos a lomos de una burra que le han regalado por su cumpleaños… y su vida se me presenta como las vacaciones perfectas. Pero Gerry no está de vacaciones. Tiene un profesor particular, Teodoro, decidido a que el niño aprenda cuanto sea posible. Como sabe que solo en plena naturaleza es capaz de interesarse por sus explicaciones, se lo lleva a la playa o al bosque para dar allí sus lecciones, buscando siempre una roca, una planta o un animal que sirvan para ejemplificar cualquier concepto nuevo. Me muero de envidia y pienso: yo también habría querido un Teodoro. Entonces, como brotada del último puntal de una raíz muy vieja, aparece en mi memoria Kira. No había vuelto a pensar en ella en todos estos años. Y me asombra la ingratitud de mi...

Los infalibles

  Hechos Una compañera ─ coincido con ella tomando café ─ me pregunta por mis tutorandos de 4º de ESO y sus intenciones al terminar el curso. Ella lo tiene muy claro: ─ El consejo orientador debería ser determinante: para que un alumno pudiera cursar Bachillerato, debería estar de acuerdo el conjunto de sus profesores de 4º; que NUESTRA opinión tuviese el peso decisivo para que pudieran matricularse. Noto que ella usa la primera persona en mayúsculas y que a mí se me eriza todo el vello que cargo sin depilar, que se me crispa el alma debajo de la piel. Hago un par de respiraciones profundas antes de responder. Hechos Hace unas semanas pasé una velada preciosa con mi amiga M., profesora de Física y Química en un instituto de secundaria en el que se esfuerza por sacar adelante a un alumnado especialmente vulnerable. Durante años dedicó también mucho tiempo y energía a impartir clases en una academia para universitarios que necesitaban un extra de trabajo. A lo largo de s...

"A mí no me va a dar tiempo"

  Tiene aproximadamente diez centímetros de ancho por siete de largo y uno y medio de alto. Es negro, plano, compacto. Un amigo me dijo, riéndose de mi anacronismo, que probablemente era la única persona que aún usaba un disco duro externo. Pero cuando mi ordenador decidió que necesitaba pasar por una ITV profunda, me compré el cacharro para asegurarme de que no perdía nada de valor cuando un experto informático le abriera las tripas a mi viejo portátil. No me habléis de la nube, por favor. Cuando las nubes llevan la firma de Google solo me producen escalofríos. Finalmente tuve que cambiar de ordenador, pero lo tenía todo a salvo en mi pequeño disco duro externo. Casi podía mirar a mi amigo con condescendencia y reírme yo. Hace meses que uso mi nuevo PC, pero aún no he traspasado todos los documentos e imágenes desde el salvavidas. Me pongo a ello y decido que es un buen momento para hacer limpieza. Tengo tantas fotos prescindibles, que no sé por dónde empezar. Sabes a qué me re...

Viernes, última hora

  Principios de febrero. Viernes, última hora de la mañana. Hace frío y un cielo de acero parece a punto de romperse. Falta un profesor y me toca quedarme de guardia con un pequeño grupo de seis alumnos de trece años. Pongamos que son Ileana, Li Jie, Fátima, Said, Asier y Zoe. Ponnos una peli, profe . Como soy una nostálgica y a veces funciona, les pregunto si han visto E.T . La mitad la han visto ya y, antes de que me dé cuenta, le han hecho un resumen casi perfecto del argumento a la otra mitad. Es un extraterrestre que se despista, se hace amigo de un niño y van volando en bicicleta hasta que lo devuelven a su planeta. Miro a Zoe impresionada por su capacidad de síntesis. Me acuerdo entonces de algunos cortometrajes guardados en una lista de Youtube a la que bien podría etiquetar como “Kit de supervivencia para la guardia de los viernes”. Les pongo Cocodrilo . Si no lo habéis visto, os animo a hacerlo ahora. Son apenas cinco minutos, el resto de mi historia puede esperar. El c...